Diario Sport
El Barça sigue soñando tras protagonizar una vibrante remontada
Se consiguió, no sin sufrimiento. El equipo blaugrana se coló en las semifinales de la Champions League tras protagonizar una impresionante remontada. Luis Enrique, Saviola, Puyol y Xavi fueron los jugadores más destacados de un Barça que está muy vivo... El Barça cumplió con su obligación, pero le costó. ¡Vaya si le costó! Esta vez sí, el conjunto blaugrana no salió a especular y se fue a por su rival desde el primer minuto, sin medias tintas, sin desbarajustes tácticos (a pesar de la no inclusión de Kluivert en el once inicial), con la motivación necesaria para este tipo de encuentros, controlando
los tiempos y apretando, apretando y apretando... El once blaugrana, además, supo sobreponerse al inicial tanto visitante y sin ponerse nunca nervioso se dejó guiar por su calidad para acabar remontando de forma apoteósica una eliminatoria que se le había puesto muy cuesta arriba. Xavi dirigió con maestría, Puyol se superó a sí mismo (algo ciertamente difícil), Rivaldo se entregó, Overmars intentó desbordar una y otra vez, Saviola se mostró muy participativo y Luis Enrique apuntilló. El engranaje blaugrana funcionó a un buen nivel y la posterior salida de Kluivert acabó por decantar la balanza del lado local. Y es que, a la larga, la calidad acaba imponiéndose... JARRO DE AGUA FRIA Las cosas empezaron mal, muy mal. Cuando muchos aficionados no habían encontrado aún su localidad en el estadio, arribó el jarro de agua fría. Konstantinou controló un balón, hizo una breve carrera y ante un pasivo Frank de Boer lanzó un zapatazo seco que sorprendió a Bonano. El arquero argentino no pudo hacer nada ante el envenenado bote que cogió el esférico y el 0-1 subió al electrónico. Empezaba un nuevo partido y el Barça tardó en darse cuenta. Y es que en la acción inmediatamente posterior, Liberopoulos, solo ante Bonano, no acertó a enviar el balón en las mallas blaugrana, lo que hubiera supuesto el 0-2. Cocu resultó vital en esta acción al abortar el remate del futbolista griego. Luego, una falta directa de Karagouinis se marchó a las nubes. El Barça estaba 'tocado' y debía reaccionar, aunque le costaba horrores. EMPATE Cuando los de Charly se dieron cuenta de la gravedad de la situación, iniciaron una leve reacción y, en la primera llegada clara, lograron igualar el tanteador. Fue Saviola quien inició la jugada al ver desmarcado a Luis Enrique y enviarle un balón que el asturiano, cayéndose, conectó a la red. El gol animó a los blaugrana, que poco a poco se hicieron dueños del balón. Rivaldo, con un chut desde fuera del área, puso en problemas al guardameta Nikopolidis. La presión a la que el Barça sometió a su rival hasta el final del primer tiempo fue asfixiante, aunque poco productiva, pues no se crearon claras ocasiones para marcar. Los griegos seguían acumulando efectivos en defensa y derribar el muro que había plantado el Panathinaikos era, ciertamente, complicado. Pero el Barça no estaba dispuesto a dejar de intentarlo... Poco antes del intermedio, Rexach ordenó el ingreso de Kluivert en el partido en lugar de Coco y Rivado, en un lanzamiento de falta desde la derecha, estuvo cerca del 2-1. ATAQUE TOTAL Obligado a conseguir, como mínimo, dos goles, el Barça se lanzó a un ataque total tres la reanudaciuón. Con Kluivert, el famoso 'tridente' estaba al completo y, además, también estaban sobre el campo Overmars y Luis Enrique. Y, como no podía ser de otra forma, cayó el segundo tanto... Después de una excelente ocasión en la que Saviola no pudo rematar tras haber resbalado, Rivaldo sirvió una falta y nuevamente Luis Enrique, con el hombro, remató a la red para hacer subir el 2-1. A partir de ahí, el Barça se abocó sin contemplaciones sobre el marco rival, con garra, movilidad, fuerza, velocidad y toque. El único peligro era que, con los riesgos ofensivos que tomó el Barça, dejaba muchos espacios atrás, lo que permitía la rápida salida a la contra del Panathinaikos. Pero la afición llevaba en volandas al Barça y el equipo se empapó por completo de la fuerza de sus seguidores. Y el tercero tardó muy poco en llegar. Una gran asistencia de Xavi dejó a Saviola solo ante el portero rival y el 'Conejo' controló en carrera y marcó con un espléndido trallazo. Poco después, el propio Saviola estuvo muy cerca del cuarto, pero no vio a Luis Enrique, solo, que le pedía el balón... SUSTOS FINALES Fue entonces cuando el Barça bajó el ritmo. Los de Rexach, cansados por el esfuerzo realizado, cedieron terreno y, poco a poco, el Panathinaikos, con los rápidos Olisadebe y Vlaovic en el campo, estuvo cerca del 3-2. El croata ex jugador del Valencia se escapó por la banda derecha, la defensa blaugrana falló, Kosntantinuo puso el pie y Puyol, providencial, salva un tanto seguro. Minutos después, y ya con Reina en el campo debido a la lesión de Bonano, Olisadebe envió fuera a puerta vacía. De ahí hasta el final del partido hubo más sobresaltos debido a sendas ocasiones de los griesgos que, por suerte, no entraron. Así que el equipo de Rexach mantiene vivo el sueño de lograr la Champions. Pero antes, el Bayern de Munich o el Real Madrid será un duro obstáculo a superar.

MARCA
Sangre, sudor...y sonrisas en el Camp Nou
Sangre, sudor... y sonrisas. El Barcelona cambió el guión de una película que pudo acabar en tragedia. Si Vlaovic hubiera acertado con la portería en el minuto 96, estaríamos hablando del final de una aciaga temporada. Sin embargo, la fortuna se alió con los azulgranas y en un final de infarto salvaron la eliminatoria y se metieron en semifinales de la Champions. Demasiado sufrimiento para un equipo infinitamente superior al Panathinaikos. Y es que el Barcelona regaló más de cien minutos de eliminatoria. Primero con los tremendos errores tácticos de la ida que le hicieron traerse una derrota dolorosa. Y por si no era poco, los azulgranas salieron dormidos al inicio del segundo choque y se dejaron meter un golazo a los siete minutos, cuando Konstantinou mandó a la red un balón desde treinta metros. El Camp Nou se hacía cruces... y Kluivert lo veía desde el banquillo. Momentos de zozobra y el público comenzaba a desesperarse. Los azulgranas trataban de asumir el
golpe recibido. Era el momento de tocar zafarrancho de combate. Y entonces emergió la figura de Luis Enrique. Saviola porfiaba en la frontal, levantó la cabeza y vio como el asturiano se desmarcaba por el centro. El 'pibito' se sacó una asistencia por encima de la defensa 'a lo Laudrup', Luis Enrique la bajó con el pecho ante Nikopolidis y mandó el esférico a dormir en las redes helenas por debajo del cuerpo del meta griego. El Camp Nou volvía a rugir. Las expectativas no se cumplieron de ahí al final porque el segundo tanto no llegaba. Los griegos ya no salían de su área ni por asomo. El Barcelona atacaba una y otra vez, pero le faltaba claridad. Faltaba esa referencia en ataque llamada Kluivert, que perdía el tiempo calentando por la banda. Y cuando el primer acto tocaba a su fin, Rexach volvía a sorprender con un cambio incomprensible. En el minuto 48, a treinta segundos del final, daba entrada a Kluivert para rematar una falta que Rivaldo envió directamente a puerta. El Barcelona salió con ganas de revancha La reanudación devolvió a un Barcelona hambriento, que clamaba venganza. Y dicho y hecho. A los cuatro minutos Rivaldo botaba una falta desde la derecha y Luis Enrique, solo ante Nikopolidis, machacaba de cabeza el 2-1. El partido tomaba otro rumbo. La avalancha azulgrana era palpable y sólo era cuestión de esperar. Xavi se sacó de la manga un servicio magistral por el centro para Saviola, que dejó solo al argentino ante Nikopolidis y el 'pibito' masacró al meta griego. La fiesta se instalaba en el Camp Nou y con media hora por delante se mascaba la goleada. El propio Saviola tuvo la oportunidad de ceder a Luis Enrique el cuarto tanto, pero el argentino se hartó de balón, no fue generoso y la estrelló en la escuadra. Ahí comenzó el sufrimiento azulgrana. Los helenos no tenían nada que perder Los griegos, que ya habían hecho todo lo que tenían que hacer metiéndose en cuartos, debieron pensar que no tenían nada que perder. Se fueron arriba... y la que liaron. En un balón largo sobre Olisadebe, el polaco se adelantó a Bonano, que le arrolló cometiendo un claro penalti que el árbitro no vio, ambos jugadores quedaron tendidos en el césped, Vlaovic siguio la jugada y se la puso a placer a Konstantinou. El ariete remató a placer y ya se iba a celebrar el tanto cuando apareció la figura salvadora de Puyol para sacar el balón en la línea. Imagínense cómo sería la jugada, que un asistente de Markarian pegó un bote en el banquillo y se golpeó la cabeza con tal virulencia que lo tuvieron que evacuar en camilla inconsciente. A todo esto Bonano quedó tendido en el césped y fue retirado en camilla, con un collarín y sangrando por la boca. Reina tomó el protagonismo sin calentar. Todo respondía a un auténtico guión de Alfred Hitchcock. Y más cuando el meta azulgrana mostró sus nervios 'tragándose' un centro y dejando un balón franco a Olisadebe que no acertó a marcar. Vlaovic tuvo en sus botas el pase para los griegos Pero lo más fuerte estaba por llegar. Con seis minutos de prolongación ya cumplidos y a falta de uno para el pitido final, un balón se queda suelto en la frontal, Vlaovic lo baja con el muslo, Reina hace la estatua y el disparo del croata parece ir dentro. El Camp Nou se echa las manos a la cabeza... y el balón sale lamiendo el palo. Increíble. Para esos momentos Gaspart ya hacía mucho tiempo que había abandonado el palo camino de los vestuarios víctima de sus nervios. A más de un jugador le hubiera gustado no ver esos minutos finales. Pero la moneda había salido cara y el Barcelona estaba en las ansiadas semifinales. Mucho sufrimiento ante un rival así, pero, al fin y al cabo, en semifinales.

El Mundo Deportivo
El Barça gana con repóker
Catorce días para disfrutar, preparar la ida de las semifinales e ir soñando con la final de Glasgow, que ya está un partido más cerca: dos más y a preparar los billetes. Es lo que ayer se ganó la afición barcelonista, que volvió a llenar el Camp Nou para levantar una eliminatoria que se presentaba difícil y se puso totalmente cuesta arriba con el tempranero 0-1 del Panathinaikos. Un Barça que no escondió su pólvora y llegó a jugar con cinco delanteros apretó más allá de sus fuerzas actuales para no acabar con ese sueño. Ni siquiera después de que los azulgrana levantasen la eliminatoria con el gol de Saviola se acabó el calvario: hasta tres ocasiones los griegos perdonaron
en los minutos finales. Puyol salvó bajo los palos con Bonano en el suelo y los delanteros griegos lanzaron fuera las otras dos, la segunda por milímetros y en el último suspiro, ya con Reina bajo los palos. ¡Menuda papeleta le tocó a Pepe! Numerito y gozada final Tanto se sufrió que Joan Gaspart volvió a obsequiar a su afición, a la directiva del Panathinaikos y al mundo entero, que seguía el partido por televisión, con un numerito de los que hacían gracia cuando era vicepresidente pero que ahora provocan sonrojo. Mientras la afición del Barça aguantó el tipo, el socio que debería ser su líder y predicar con el ejemplo, el que pide una y otra vez perdón y suplica apoyo incondicional por encima de los resultados, abandonó la nave y se encerró en algún rincón del vestuario. A Joan Castells le tocó aguantar el chaparrón. Hubo final feliz porque si existe justicia divina no podía seguir castigando a esta afición que, una vez más, llenó el Camp Nou o siguió el partido con los corazones encogidos por televisión desde Catalunya, Madrid, América, Australia o Andalucía. Lo que habrían pagado los 'culés' que se citaron el pasado fin de semana en Punta Umbría por estar anoche en el Estadi. Por ellos, por estos socios y seguidores ejemplares, el Barça merece otra semifinal de la Copa de Europa, como la de 1961, en que un gol de Kocsis en Hamburgo forzó un tercer partido que clasificó al Barça para Berna; o la de 1986, con el 'hat-trick' de 'Pichi'. O la de 1994, la del 3-0 al Oporto de Robson. ¿Y en el 92?, se preguntarán; hubo liguilla. El partido decisivo fue un histórico 2-1 al Benfica que vengó el infortunio de Berna. Por todo eso, incluso aunque haya KO o se pierda después la final, vale la pena disfrutar de un Barça semifinalista europeo por tercera vez en los últimos tres años. No se escondió un Barça en el que coincidieron con cinco jugadores marcadamente ofensivos: Luis Enrique, Overmars, Rivaldo, Saviola y Kluivert. Y por detrás, Xavi, para dar la magistral asistencia del 3-1 al 'Pibe'. Tan agónica fue la clasificación que en el primer despacho de la agencia, datado en Madrid, se dio 3-2 como resultado final, aunque con el Barça como clasificado. Ya tenían tecleado el '2' del Panathinaikos. Error lícito, tan lícito como es esperar que hoy se complete la gozada barcelonista. ¡Força Bayern!, al menos hasta el próximo día 23, Diada de Sant Jordi

La Vanguardia
Sufrimiento bien recompensado
El barcelonismo realizó anoche un viaje alucinante del infierno a la gloria en hora y media. Del infierno de la eliminación, de la temporada derrochada, del fantasma de la tragedia que rondó el Camp Nou durante buena parte de la noche a la gloria de estar nuevamente sano y salvo, de verse vivo en la Europa de los grandes, junto a la flor y nata del continente. Real Madrid o Bayern Munich esperan ahora al equipo azulgrana, que con un hermoso final podría ennoblecer una pésima temporada. El encuentro fue áspero, con momentos de crispación, reproches a algunos jugadores por sus fallos individuales e
indignación contra el banquillo por haber resuelto mal los descartes de la alineación. Fue una noche caliente, inflamada de pasión en la grada y de tensión en el campo. Una noche y un partido que en principio no estaban destinados a pasar a la historia del barcelonismo pero que por la épica de la remontada ya será equiparable a la noche de Kaiserslautern, el gol de Xavi al Valladolid o a la chilena de Rivaldo. Como en aquellas ocasiones, el Barça necesitó verse hundido para vivir otra reacción histórica. Ese parece ser su sino. Dos fallos sucesivos de la defensa hicieron posible que el chipriota Konstantinou dejara helado al Camp Nou cuando la mitad del público se hallaba aún atrapado en la Diagonal y en la Travessera de les Corts. El Panathinaikos supo imponer un ritmo pausado, sacó con parsimonia la pelota de su área y llegó en precisas triangulaciones hasta el área de Bonano. Los griegos supieron jugar con el sistema nervioso de un Barça que, en algunos de sus puntos débiles -como Frank de Boer-, se hallaba al borde del desquiciamiento. El desconcierto era absoluto cuando Cocu (minuto 11) puso el pie a un disparo de Liberpoulos que iba para 0-2. El Barça no podía jugar peor y todo el arsenal que Rexach había colocado en el ataque permanecía inoperante porque apenas llegaba un balón en condiciones a Saviola, Rivaldo y Luis Enrique. Desde las bandas, Overmars y Coco sólo les enviaban sandías. Saviola, rescatado por la fuerza de sus goles, metió un balón de oro a Luis Enrique para que la esperanza comenzara a brillar en el Camp Nou. El asturiano, que actúa hipermotivado en este tipo de partidos, dio la razón a Rexach, que le considera uno de los intocables. Y volvió a dársela cuando anotó el segundo y puso al Barça a un paso de la clasificación. Luego, Saviola y Xavi repitieron la jugada del segundo gol de San Mamés y culminaron la remontada que parecía imposible. El 3-1 no proporcionó tranquilidad al ambiente, sino una angustia infinita, con la accidentada sustitución de Bonano por Reina en la portería y porque cada contragolpe de los griegos era como una punzada en el corazón de los espectadores más sensibles, como en la jugada en que Puyol salvó a su equipo de la eliminación en la misma línea de gol. El médico de los griegos salió en camilla. Si el partido llega a durar un poco más, los servicios de urgencia del estadio se hubieran visto desbordados.

El Pais
El Camp Nou se estremece con el Barça
Apretando los puños y cerrando los ojos, de manera taquicárdica si se quiere, con el sufrimiento propio de un equipo pequeño, pero con grandes jugadores, el Barcelona selló su pase a las semifinales de la Liga de Campeones en un partido que tuvo siempre el sabor de la antigua Copa de Europa por cambiante, interrumpido y salpicado de anécdotas, excitante y difícil de digerir. Más que por la combatividad del Panathinaikos, que no paró hasta que el árbitro dijo basta, el encuentro duró lo que no
está escrito por el carácter camaleónico del Barça. Irreconocible hasta el descanso, remontó en un cuarto de hora, señal inequívoca de lo incontenible que resulta cuando engrasa su máquina ofensiva y de lo accesible que es en el momento en que prescinde de la pelota, como volvió a ocurrir en un final que ni el presidente Gaspart pudo resistir. El epílogo, sin embargo, nada tuvo que ver sorprendentemente con el prólogo. El partido nació sin tensión y el Barcelona se desanimó de manera sobrecogedora, espantado por la falta de calor de la hinchada, aturdida nada más empezar por el gatillo de Konstantinou. El ariete se encontró tan a gusto que remató a gol la primera pelota que agarró. La jugada retrató la desgana y desubicación azulgrana en un partido que no admitía despistes: Frank de Boer dimitió de manera escandalosa, flotando al delantero, que se trabajó un palmo de terreno y cogió a Bonano marcando la raya de meta. Víctima de un ataque de pánico, el Barça dejó el partido a merced del Panathinaikos, que no marcó de nuevo por el canto de un duro. Los griegos sacaron del campo a los azulgrana con un buen juego de posición y tapando la línea de pase más que presionando. No hay encuentro en el que el contrario no parezca un equipo más organizado y trabajado que el barcelonista. Enredados en pases tan reiterativos como inútiles, sobrados de conducción, imprecisos por nerviosos, los azulgrana únicamente pudieron atrapar el partido por la vía anímica e inconformista. Saviola le rebanó una pelota a Fissas y conectó con Luis Enrique, llegador, carnívoro, siempre con ganas de marcar y de ganar. Pese a llegar en buen momento y agitar a la grada, el empate no serenó al Barcelona, que ni desbordaba ni centraba, no sabía abrir el campo y ante la lentitud de sus maniobras echaba en falta un referente ofensivo. Puesto que Rexach siempre despliega el equipo a partir de cuatro y hasta cinco defensas, el nudo de la alineación está siempre en la delantera, y ayer le sobraba un punta. Al final, prescindió de Kluivert en una decisión más política que futbolística. Mantuvo a Saviola, que venía de marcar dos goles en San Mamés; prefirió a Rivaldo porque intimida aun estando cojo; y repitió con Overmars, para atacar al menos por un costado. Ocurrió, sin embargo, que el juego se centrifugó, el área quedó despejada, sin un punto de estancia o de llegada y el Panathinaikos defendió con una comodidad sorprendente ante la ausencia de un ariete que descolgara los centros o tirara paredes. Si ya era controvertido su plan, más difícil de entender fue la reacción de Charly en la jugada previa al descanso, no por el cambio que pareció sensato, sino por el momento: aprovechando un libre indirecto a favor, retiró a Coco para dar entrada a Kluivert. Rexach había decidido jugársela con una zaga de tres y Markarián le combatió con un cambio inteligente: puso a un segunda punta, el veloz Olisadebe, que se dejó caer sobre De Boer. Empezaba el partido de verdad. El Barça era por fin un equipo reconocible, valiente, de naturaleza ofensiva, dispuesto a atacar por alto y por bajo, abriendo el campo con Overmars y Luis Enrique para las entradas del tridente. Los azulgrana tardaron menos de 15 minutos en salvar la eliminatoria con dos preciosos tantos que reunieron a los tres jugadores decisivos del partido: el primero de Luis Enrique, a la salida de una falta, y el segundo de Saviola, habilitado estupendamente por Xavi. Más concentrado y mejor dispuesto, el Barça estuvo fresco y atrevido el rato justo para despellejar al Panathinaikos y entregarse después al gobierno del medio centro. Xavi tuvo la pelota un buen tiempo. No pudo, sin embargo, con todo, y acabó parapetado como los demás, sometido al empuje de los griegos, que remataron hasta tres veces. Puyol salvó un remate de Olisadebe en la misma línea de meta en una jugada que acabó con Bonano en la enfermería, Reina se jugó el tipo y un par de remates salieron acariciando los palos. El pitido final avaló la pelea y vigorosidad de los azulgrana, tan capaces de complicarse la vida como de solucionársela en una sola jugada. A falta de buen fútbol, la emoción le dio al partido el color que exigía el cartel. Así ha sido siempre la Copa de Europa. Muy poco racional, y terriblemente pasional, y por eso el Barça está en semifinales.

El Mundo
El Barça sobrevive a sus miserias
El carácter, su especial instinto de supervivencia y, sobre todo, la garra de Luis Enrique y la pillería de Saviola empujaron al Barça hasta las semifinales de la Liga de Campeones tras remontar de forma épica (3-1) en el Camp Nou la eliminatoria ante el Panathinaikos. El día que podía desatarse una gran crisis en el Camp Nou, el equipo se sobrepuso a todos sus problemas y doblegó con mucho sufrimiento a un Panathinaikos tan voluntarioso como limitado. Rexach había especulado
con una alineación superofensiva, pero finalmente optó por un planteamiento más comedido al prescindir de Kluivert, el jugador más solvente del grupo azulgrana para maniobrar en espacios reducidos. 'Charly' optó por una
solución política y prácticamente llevó a la ruina a su equipo. Después de tantos cambios, de tantos retoques en las últimas semanas, el Barça comenzó perdido. No sabía cómo maniobrar ante el Panathinaikos, que no engañó a nadie con su planteamiento. Y sin tiempo todavía para asentarse en el campo, el cuadro azulgrana recibió un golpe casi mortal. Frank de Boer, en un nuevo despiste, permitió que Konstantinou controlara el balón y sorprendiera a Bonano con un zapatazo desde la larga distancia. El gol dejó muy tocado a un Barça sin ideas ni orden. Incapaz de maniobrar con criterio, favoreció el repliegue del Panathinaikos para satisfacción de su portero Nikopolidis, que se asustó más con el impacto de una bengala en el primer minuto que por la escasa clarividencia azulgrana. Y, en pleno descontrol barcelonista, la bulliciosa afición del Panathinaikos silenció a la resignada hinchada culé. Pero cuando más agonizaba el grupo barcelonista, llegó una pillería de Saviola. De la nada, el pibito se inventó una asistencia a Luis Enrique que el asturiano resolvió con su habitual furia y maquilló la impotencia de un Barça desquiciado. Con el empate, el Panathinaikos optó por un perfil todavía más rocoso y sólo Overmars, que abandonó la banda izquierda para asentarse en la derecha, parecía incomodar al colectivo de Sergio Markarián. A Xavi le faltaba más verticalidad y clarividencia, y Rivaldo ha dejado de disfrutar en un campo de fútbol por sus eternos problemas físicos. El Panathianikos aguantaba con dignidad y Rexach se hizo merecedor de una camisa de fuerza cuando a un minuto del descanso sustituyó a Coco, que se retiró alucinando, por Kluivert. Más criterio demostró tener Markarián. Quedó el Barça partido en el centro del campo y el técnico uruguayo prescindió de Liberopoulos por un delantero, Olisadebe. Un cambio interesante y ambicioso, pero Markarián no previno que Luis Enrique, el más aguerrido del equipo azulgrana, podía complicarle la vida al cabecear una falta botada por Rivaldo a los cuatro minutos de la reanudación. El partido entró entonces en una dimensión mucho más trepidante y pasional, con un Barça que no acababa de calmarse pero sí sabía leer el miedo del Panathinaikos. El tercer gol era cuestión de tiempo. De esperar una genialidad, una jugada bien elaborada. Y ésta la fabricó Xavi y la completó Saviola con gran autoridad en un disparo cruzado. Después de tantas miserias, el gol fue celebrado con gran efusividad. Todavía quedaba media hora y, sobre todo, la providencial acción de Puyol, que en la misma línea de gol salvó un remate de Konstantinou en una acción en la que se lesionó Bonano. El final lo hubiera firmado el mismísimo Alfred Hitchcock.

Diario AS
GANÓ LA CASTA
A semifinales por fuerza, por coraje, aunque no por fútbol. Sufriendo lo indecible y protegido por todos los dioses del Olimpo, el Barça ya está en el penúltimo peldaño de la Champions. En su temporada más ominosa y con un técnico que ya se sabe que no seguirá, apeló al orgullo, a la casta y a los gritos de Luis Enrique para remontar un marcador doblemente adverso que le tuvo en el filo de la navaja durante 60 minutos. Una hora de eternidad que acabó como una tragedia griega. El Barça obtuvo más de lo que expuso y el
Panathinaikos se fue sin haber tomado la Troya barcelonesa, aunque peleó hasta el último suspiro. Rexach no quiso arriesgar como para desplegar de entrada todo su arsenal. Lo del tridente+Overmars llegó mucho más tarde, cuando el marcador señalaba 1-1. Charly debió pensar que poner a sus cuatro delanteros era excesivo. Lo que no esperaba (nadie) era que el Panathinaikos se pusiera por delante... ¡y en el minuto 7! El gol fue para morirse. Konstantinou hizo lo que sabe hacer, nada más. Lo que un delantero centro alto y fornido como él ha aprendido desde alevín. Fue un golpetazo tal que el Barça lo acusó como un crochet a la mandíbula. Goliath se tambaleó y David empezó a creer en el milagro de ganar en el Camp Nou. Sólo cuatro minutos después, Saric, ¡el lateral derecho!, se metió hasta la cocina y no marcó el 0-2 porque es eso, un defensor. Entró Kluivert. El Barça quedó groggy y Rexach hizo calentar a Kluivert. Era el tridente+Overmars que pudo haber salido al principio, pero que los temores de Charly habían abortado. El holandés iba a entrar, cuando sobrevino el empate, tras una buena asistencia de Saviola a Luis Enrique. Se frenó la movida y el holandés no entró hasta el alargue, se supone que para intentar cabecear una falta desde la esquina del área grande. Pero De Boer la puso al primer palo y se ganó un broncazo de Luis Enrique. Así acabó una primera parte asombrosa, con un Barça tocador pero inoperante y un Panathinaikos que cometió el error de acularse demasiado. Sin embargo, los azulgrana nunca supieron romper las dos barreras de cuatro (más el famoso Liberopoulos, al que Coco persiguió sin desmayo en Atenas) que Sergio Markarián plantó sobre el césped. La decoración cambió en la reanudación. Con Kluivert fijando a los dos centrales, el Barça, sin grandes alardes pero con más ideas, se fue comiendo a su rival. Markarián se la jugó y puso al rápido Olisadebe, que hizo de doble punta con Konstantinou y apretó algo más delante. Pero detrás, su fortín empezó a ser asediado. Luis Enrique, en falta ensayada con Rivaldo, logró el 2-1 y, a partir de ese momento, el Barça jugó sus mejores minutos, hasta que Saviola acabó rompiendo el sueño griego tras una magistral asistencia de Xavi. 3-1, y para casa. Pero los griegos no giraron la cara. Markarián probó con Vlaovic y casi consigue el 3-2 en un remate de Konstantinou que sacó Puyol en la línea, tras un posible penalti previo de Bonano a Olisadebe. El Panathinaikos no quiso morir sin honor. Al final, el Camp Nou, que llegó a silbar con el 0-1, temió tanto el 3-2 que ni siquiera pudo paladear que el pase a semifinales y que hoy es el Madrid quien debe pasar el examen. El Barça lo pasó anoche, con más casta que fútbol. El detalle Choque de trenes. Olisadebe fue a buscar un centro al área grande y Bonano lo arrolló. El portero fue retirado con conmoción, mientras que el nigeriano salió por su pie.

ABC
Barça, semifinalista tras noventa minutos de tesón... y angustia
En un partido vibrante, plagado de incidentes y atenazado por los nervios, el Barcelona se ganó el pase a semifinales de la «Champions» tras remontar un gol del Panathinaikos a los cinco minutos. Oxígeno momentáneo para el segundo proyecto Gaspart. Comenzó el partido con sorpresa táctica. Saturado de jugadores ofensivos, Rexach decidió rizar el rizo y salir con el máximo goleador del equipo, Kluivert, sentando en el banquillo. Los azulgrana dibujaron un 4-3-3 con Xavi en la medular, junto a Luis Enrique y
Cocu, y un tridente formado por Saviola, Rivaldo y Overmars. Y en los primeros minutos llegó ya el desastre. Tras un paréntesis por un petardo lanzado desde la grada que impactó en el meta griego -un suceso que costará muy caro al Barça-, Konstantinou se inventó un remate desde fuera del área y batió a Bonano. Con el 0-1 el pavor inundó una grada que ayer rozó el pleno y se derramó por el césped. Los jugadores azulgrana se rindieron al pánico. Se lanzaron al ataque sin la cabeza fría que reclamaba la ocasión. Un tanto sorpresa Tras diez minutos de agonía, Luis Enrique logró la igualada tras una asistencia de Saviola, pero había que meter dos goles más para estar en semifinales y no encajar ninguno. Para lo primero Rexach mandó calentar a Kluivert, aunque no salió hasta la prolongación de la primera parte. En teoría para aprovechar un saque de falta al área. Por su parte, el Panathinaikos, con un 5-4-1 de salida ( sí, con el famoso Liberopoulos), se vio grátamente recompensado por el tanto a favor y no perdió la compostura con el empate. No en vano su rival, en los primeros cuarenta y cinco minutos, amenazaba, pero no sentenciaba. Sólo Rivaldo rozó el gol con un disparo lejano. Mientras, Overmars alternaba las dos bandas para comprobar una y otra vez que era incapaz de escaparse de los defensas. Al descanso se llegó con el empate que eliminaba al Barcelona, y con un Camp Nou aún apoyando al equipo -los aficionados sí respondieron a las expectativas-, aunque con permiso de la ruidosa afición griega. Gaspart no pudo verlo En la reanudación, con un Barça ahora sí muy ofensivo -sólo tres defensas natos-, se intentó la remontada. A los cinco minutos Luis Enrique marcó el 2-1 y diez después fue Saviola el que puso el 3-1. Y de aquí, a soñar. A hacer volar la imaginación, como el faisán que saltó entonces al campo y paró el juego. Pero con un ojo puesto en la defensa, ya que la táctica era muy arriesgada. Y los nervios regían. ¡Qué se lo digan a Gaspart! Tras el 3-1 abandonó el palco porque no aguantaba más y se fue al vestuario a seguir el partido. No pudo ver cómo Bonano tuvo que ser sustituido por Reina tras una jugada en la que golpeó a Olisabede -pareció penalti, pero...-. ni cómo el propio Olisadebe gozaba de otra oportunidad poco después. Y luego Kyrgiakos. Como respuesta, un remate de Rivaldo. En suma, un final agónico, histórico y feliz. Noche mágica y a semifinales. ¿Contra quién tocará jugar/sufrir: Bayern o Real Madrid?

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