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| Enero
Ciudadano Laporta
Parece que fue ayer, pero ya hace una década ni más ni menos, que nuestro presidente, Joan Laporta, apareció en escena en el universo culé. Por aquel entonces era un joven abogado, que a lomos de su Elefant Blau, litigaba por desalojar a Núñez de la poltrona del Barça como principio de una regeneración necesaria del club. Laporta fracasó en su empeño, pero cinco años después se convirtió él mismo en el presidente. Como lo era Núñez entonces. Y de Núñez, a mi juicio, debería aprender Laporta un par de lecciones de lo que se supone que debe ser un presidente del Barça. Vaya por delante que creo que Joan Laporta ha sido y es un gran presidente del Barça. Creo que interesadamente se han magnificado algunos temas como su numerito del aeropuerto o su bronca con un ex empleado. A beneficio de inventario. Es el presidente del Barça y atacarle es lo más normal del mundo. Es un gran presidente. Bajo su gestión el Barça renació, volvieron los éxitos y la ilusión, el buen fútbol y sobre el césped del Camp Nou, volvieron a pasearse los mejores futbolistas. En pocas palabras, Laporta y los suyos relanzaron la marca "Barça". Chapeau. En un momento más complicado, con más condicionantes en contra y en un período de tiempo más largo, Núñez hizo algo semejante. Dio al Barça prosperidad y éxitos, pero al final de su mandato, cometió el error de pensar que el Barça y él mismo eran la misma cosa, y aislado en su búnker particular y rodeado de aduladores, se olvidó de lo que había sido y el Barça lo pagó muy caro. Joan Laporta no vive al margen de la realidad, pero sí debe aprender algo de Núñez. El presidente más longevo de la historia del Barça, jamás usó su cargo como presidente culé con otras miras, como sí da la sensación de que lo está haciendo el amic Joan. Veo muy lícito que Laporta tenga unas posturas ideológico-políticas bien definidas y que use su posición de privilegio como tribuna para defenderlas. También me parece estupendo que se sienta un ciudadano útil y que crea que un abogado capacitado como él puede hacer un gran servicio, desde la política activa, a la sociedad civil catalana. Pero lo que no veo tan bien, como aficionado del Barça, es que parezca que el Barça se ha convertido en su plataforma de lanzamiento. Se ve más a Laporta en actos políticos y hablando de los entresijos de la sociedad catalana que haciendo lo que se supone que debería hacer, que es defender al Barça. A eso se le llama practicar un cierto absentismo, que si bien aún no es preocupante, dado el momento irregular del Barça, estimo que Laporta debería refrenar sus apetencias políticas y pensar de nuevo, qué significa ser presidente de un club como el Barça. Y que no olvide que llegó a la presidencia prometiendo dedicar plenamente, los mejores años de su vida al Barça. Para la política, señor Laporta, siempre habrá tiempo cuando deje la presidencia del Barça. Un tipo de la generación power point como usted debería tenerlo claro. Mientras espera su gran oportunidad, ¿qué le parece volverse a dedicar en cuerpo y alma a eso tan grande que se llama Barça y que entre otras cosas, le ha permitido ser tan conocido como para dar el salto a la política? Núñez lo habría hecho. |
Febrero
Usted ya no es Usted Al genio del balón, aquel malabarista maravilloso que llevaba el balón unido al pie como un equilibrista unido va a la muerte, a aquel prodigio que jugaba el balón sin saber que jugaba el sentimiento de una muchedumbre, le cantó Alfredo Zitarrosa, en una inolvidable poesía, la grandeza de su magia, y lo triste de su final, cuando alguien se llevó de pronto su juventud, el balón se le escapaba entre insultos y risas y alguien llenó su copa en la soledad. Para quien no haya ubicado de quién hablo, estoy aludiendo a uno de los grandes con mayúsculas. El inolvidable extremo brasileño Garrincha. No es que me haya levantado a día de hoy con un ataque de nostalgia del género incomprensible, no. Es que su ejemplo y la canción de Alfredo Zitarrosa me vienen como anillo al dedo para hacer una reflexión en voz alta. En una de las estrofas, cuando se habla de la decadencia de Garrincha, se dice "quién le gritó a la cara, usted no es nada, ya no es usted". El fútbol es hermoso, pasional, bonito... el juego del pueblo. Lo que rodea al fútbol es monstruoso, devorador, implacable... una máquina de fabricar pedestales a los que subir estrellas para luego derribarlas del modo más inmisericorde. Ayer en SPORT, mi admirado Josep María Casanovas decía sin ambages que Ronaldinho ya no era Ronaldinho. Que el futbolista que ayudó con goles, asistencias y magia sobre el campo a devolver al Barça al lugar que casi pierde a principios de esta década, ya no es él mismo. Como si el Ronaldinho más delgado, eléctrico y comprometido de hace tres años y el Ronaldinho pesadote, lento y desacertado de ahora no fuesen la misma persona, como si fuese un secreto vergonzoso que hay que esconder en el gimnasio y sólo hay que sacar a pasear para lograr un traspaso medianamente aceptable. La pena y la indignación del culé y del entorno mediático del Barça por la decadencia parece que sin remedio del astro brasileño, en todas sus gamas de indignación y comprensión, no debe esconder algo. ¿Qué derecho tenemos los aficionados, periodistas, directivos y demás asiduos al mundillo del balón a despojar a alguien de su identidad sólo porque un día le dejaron de salir las cosas y esto comenzó con su abandono de los buenos hábitos que se deben exigir a un futbolista? Tenemos el derecho a la indignación, el derecho a sentir pena de que el lapso de magia de Ronnie haya sido tan breve, pero no tenemos derecho a negarle todo lo que ha sido y a ridiculizarlo hasta la extenuación. Quizá sea un multimillonario amigo de la samba y la buena vida, un niño grande con más privilegios de los que el ciudadano de a pie podría soñar. Perfecto. Pero eso, una entrada comprada, un carnet de socio o de periodista, o una cerveza que nos tomemos en el bar para ver el partido en Pay Per View, no nos faculta para coger la antorcha y sumarnos al linchamiento del futbolista y la persona más allá de cualquier comprensión. En el fútbol se usa el tópico de que la memoria es tenue, que no se puede vivir de rentas, pero... ¿cómo nos sentiríamos nosotros si tras años desempeñando nuestro trabajo de modo ejemplar, una mala racha hace caer nuestro rendimiento? ¿Nos agradaría ser señalados con el dedo acusador sin ninguna piedad? Seamos más templados pues. Casi con total seguridad, Ronnie dejará el Barça en junio y por lo que nos dio, no merece irse por la puerta de servicio entre insultos y risas. Porque cuando aparque el último balón y junto al pie lo duerma, Ronnie no sólo lo mirará con un sentimiento de nostalgia del amor que le dio la gente, sino que igual recuerda a los que le subieron al pedestal y luego lo bajaron cuando dejó de ser perfecto. Y ante esa tesitura, ante ese "usted ya no es usted", igual prefiere olvidar quién fue una vez, porque a fin de cuentas, si los que le idolatraban lo han olvidado ¿por qué va a recordarlo él cuando esté en Milan, Londres o donde sea que le lleve el azar y un ventajoso traspaso? |
Marzo Asco de Liga ! Que me perdonen de todo corazón porque indirectamente voy a meterlos en el mismo saco. Pido perdón a ese estupendo Getafe de Michelinho Laudrup, novato matagigantes en Europa, casi finalista copero y abanderado del fútbol con buen gusto. Pido perdón al espartano Almería de Emery que con cuatro chavales y mucho trabajo, ahí está, rozando Europa y con otro añito en primera ya asegurado. Que me disculpe el excelente Racing de Marcelino, ejemplo de superación y trabajo bien hecho. Que me perdonen, pero... ¡qué asco de liga que es la liga española! Por favor. Y luego nos extrañamos que la Premier coloque a cuatro equipos en cuartos de final de Copa de Europa y nosotros uno y dando gracias. Nos extrañamos de que los estadios de España se vayan vaciando a pasos agigantados, mientras con envidia vemos cómo en la Bundesliga o en la Premier, semana sí, semana también, los llenos con ambientazo están más que garantizados. Pero cómo va a pagar un español, hipotecado y mileuritsta una pasta por irse a ver partidos de una liga mediocre, donde prima el centrocuentismo y el miedo, el oro y el gusto sin luego irse a casa con la sensación de que le han estafado. Qué se puede esperar de una liga tan lamentable, en la que el primero y máximo favorito a revalidar el título, es un club desastroso, sin norte, con un entrenador inepto y que vive de las prestaciones de dos treintañeros acabados como Guti y Raúl, los goles de un fósil como Van Nistelrooy, las paradas de un Casillas que ya no para tanto, y la eterna lucha de Robinho con su irregularidad. No se puede esperar nada, y menos, cuando el máximo aspirante (es un decir) a luchar la liga con los blancos, es un equipo que tira por la borda su talento, jugando a nada y preocupado de egos, acomodamientos y demás bobadas. Nada. Nada de nada. Que dos de las mejores plantillas de la liga sean las del Valencia y el Zaragoza, dos equipos al a deriva y ejemplos vivos de caos deportivo y que el máximo aspirante a la cuarta plaza, sea, o bien un Atleti en estado de depresión permanente (salvo cuando toma su antidepresivo culé) o un Sevilla, devastado por la muerte de Puerta, con su entrenador milagro en la Premier desde el otoño y con las estrellas más pendientes de largarse que de otra cosa y que el trío de aspirantes lo complete un Espanyol tan irregular como voluntarioso, es cómo para pensarse comprar un partido por PPV. Luego queremos hacer algo a nivel de selección o que nuestros clubes del el do de pecho en Europa. Sí claro. Soñar es gratis. Por soñar, yo puedo creer que el Barça, el único que tiene potencial en esta liga de lamentables para hacer que brille un poco de luz, se levantará, comenzará a jugar a eso que se llama fútbol y que parece haber sido desterrado de nuestro campeonato liguero, ganará los partidos de liga que le quedan, y demostrará al poderío británico que la Liga aún tiene algo que decir. Quiero soñar esto, porque como culé, que no valgamos ni para tuerto en el país de los hipercegatos, es de lo más deprimente y porque pedirle al Getafe de Laudrup, al Racing de Marcelino o al Almería de Emery, que hagan algo más que sobrevivir brillantemente con sus medios, ya me parecería demasiado. Por soñar, también puedo soñar que si esto no pasa, el título se dé por desierto, nos vayamos todos a casa, paremos el invento un par de años y a ver si para 2010, alguien ha encontrado la solución y nuestro campeonato vuelve a convertirse en algo que merezca la pena y digno de ser visto. Eso sueño, pero sobre todo deseo, que si al final el esperpento blanco gana la competición de la mediocridad, me pille durmiendo una larga siesta de seis semanas. Hasta le Eurocopa o hasta el citado 2010. A ver si para entonces el fútbol se despereza y se ve algo de arte sobre el verde de los campos de España. |
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Abril Te han engañado Ronie!
Ronnie, amigo. Te lo digo con toda confianza y sinceridad. Te han engañado. Es más. Te han tomado el pelo como se dice vulgarmente, como a un chino y por esa mentira, estamos pagando todos, el Barça, los aficionados y tú mismo, porque me resisto a creer que a los veintiocho años recién cumplidos, y habiéndote visto sonreír sobre un campo como lo hacías, no te duela en el alma la situación actual. Pero te contaron una mentira y no sé bien por qué, te la has creído. No te mintiron cuando llegaste en 2003 a Barcelona. Eras joven, no habías destacado demasiado en Francia, pero con un Mundial ganado, eras un crack en ciernes y Barcelona era el marco idóneo para mostrarlo. Y vaya si lo hiciste. En tres años lideraste con goles, asistencias, magia y una sonrisa a un Barça que supo volver a ganar. Te dijeron la verdad. Eras el mejor del mundo. El talento con sonrisa. El balón de oro. Pero en algún momento en París, con la Copa de Europa asida, alguien, tu sibilino hermano, o alguno de esos aduladores que están a tu lado porque las estrellas siempre atraen a cuerpos indeseables en forma de supuestos amigos, te dijo la mentira. Te dijo que ya estaba todo hecho, que con veintiséis años, eras el mejor y lo serías hasta el fin de tu carrera. Que te preocuparas de un contrato largo, de vivir la vida, de la samba y los tambores y que te lo tomases con calma, como soltero de veintitantos que eras. Y con esa idea, te fuiste al Mundial de Alemania, a recoger, te dijeron, la Copa del Mundo. Un trámite con varias pachangas junto a tus compañeros de la seleçao. Te creíste la mentira de que siendo quien eras, podías dejar de esforzarte en pos del éxito que ya habías tendio, y desde ese verano de 2006, la mentira nos ha devorado a todos. Creíste que la Liga española no era dura, que con gimnasio y la mitad de entrenos, seguirías siendo el número uno. Craso error. Así has contagiado al equipo con tu indolencia, has traicionado la confianza de tu entrenador que te dio mando en plaza y estatus de ejemplo, a tu presidente, a tus aficionados y a tus compañeros e incluso a tu hermano, Samuel. Por creerte la mentira, el Barça al que ayudaste a renacer, amenaza ahora desplome. Sé que es injusto echarte la culpa a ti sólo. Fallar, fallan todos cuando un colectivo yerra, pero si eres el líder, el crack, el estandarte... se te debe exigir más. Por desgracia, tu mentira ya la has interiorizado. Has tenido mil oportunidades de volver a la senda recta, el cariño y paciencia de todos los que te esperaban desde el verano de 2006. Espero que al menos, pase lo que pase contigo, la próxima mentira que te cuenten al oído, la de que quizá en Londres, Milan o donde sea serás más feliz y que todo te ha pasado en Barcelona fue porque no te supieron entender, no te la creas. Si no será más de lo mismo y no creo que tengas ya más tiempo de creer en otra mentira y recuperarte de ello para el fútbol.
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